¡Vaya, eso es fantástico! Está claro que la gente habría entendido que dejaras de entrenar. ¿Qué fue lo que te llevó a seguir aferrado al deporte?
Si bien supuso un gran esfuerzo por mi parte, mi deseo de ser un deportista de éxito era más poderoso que mi cansancio. Traté de mantener un equilibrio entre el deporte y el tratamiento lo mejor que pude mediante un rutina semanal a mi medida: los martes y jueves corría 45 minutos; los lunes, miércoles y viernes, iba al centro a dializarme. Aunque no podía participar, asistir a los partidos de balonmano de mis compañeros aún me hacía sentir parte del equipo.
Cualquiera que se dialice o que tenga un amigo o un ser querido que esté sometiéndose a este tratamiento sabe el valor que ello supone; sin embargo, la diálisis, en algunos momentos, puede resultar muy dura tanto física como emocionalmente. ¿Cómo afrontaste esta situación y conseguiste mantener una actitud optimista?
Los primeros anos del tratamiento los podía sobrellevar bien. Después, decidí inscribirme en la lista de trasplantes y empezó la espera; el equipo NephroCare del centro de diálisis nunca dejó de animarme y me ensenó a vivir el momento. En lo más profundo de mi corazón, estoy agradecidísimo a la diálisis. Al fin y al cabo, !fue lo que me salvó la vida! Sin embargo, mi mente era como un cronómetro: contaba los días, las horas y los minutos que habían pasado desde la última vez que había practicado deporte. Visto en retrospectiva, resulta divertido pensar lo impaciente que era; sin embargo, eso mismo me mantenía motivado.
Si bien el trasplante no es una opción para todo el mundo y existen ventajas e inconvenientes, tú decidiste que era lo adecuado para ti. ¿Cómo fue tu trasplante?
Bueno, tratar de conseguir un donante de riñón supuso una larga espera y una gran sensación de impotencia. Durante mi luna de miel en Tenerife, recibí la llamada que llevaba tantos anos esperando. Tenían un riñón que podría ser compatible conmigo y tenía que regresar rápidamente al hospital de derivación. Sin embargo, ese día no había vuelos de vuelta, por lo que perdimos la primera posibilidad de someterme al trasplante. A pesar de ello, mi mujer me animó a seguir disfrutando de las vacaciones y así lo hicimos.
Pero, por fin, tuviste una segunda oportunidad, ¿no?
!Pues sí, así es! Pasó el tiempo y, por fin, un día, el 28 de abril de 2006, tras 4 años y 10 meses de tratamiento, llegó mi hora: recibí un riñón de un donante compatible. Afortunadamente, la operación salió bien y, tras recuperarme, pude volver a practicar deporte, aunque en esta ocasión empecé a practicar ciclismo de montana. Poco a poco, volví a ponerme en forma y me sentía cada vez mejor y más fuerte cada vez que entrenaba. Fue entonces cuando decidí unirme al club local de ciclismo de Benejúzar.